PASO 1
En el afán de salir de deudas y, aunque no contaba con una guía práctica (además de tener demasiadas fuentes de información hablando del tema), el día que aumentaron el salario mínimo a 315.04 me dije: “A ver… vamos a ver de cuánto fue el aumento real, después de impuestos, claro”. Resté el salario anterior del nuevo salario depositado y, cuando vi que la diferencia era de 200 pesos, me sorprendí.
Había leído que era buena idea apartar la cantidad que te aumentan (ya sea por un ajuste al salario mínimo o por un aumento “normal”; para el caso es lo mismo). La idea es actuar como si el salario siguiera siendo el mismo para evitar gastar —o endeudarse— de más.
Algo dentro de mí hizo clic y comencé a hacerlo semana con semana, porque mi pago era semanal.
Esa fue la punta del iceberg.
Ya había visto, escuchado y leído (mucho) sobre cómo empezar el camino hacia unas finanzas sanas, así que me puse manos a la obra.
El famoso presupuesto.
Lo primero es armar el famoso presupuesto: un “coso” que revele dónde estamos parados, por dónde se está fugando el dinero y de dónde vamos a sacar ese dinero.
Toca comenzar por las entradas de dinero, es decir, todo aquello que te genera dinero: una mesada, una beca, un salario, un rendimiento (aunque eso ya son ligas mayores), una renta, un negocio, una venta, un préstamo; o el clásico “¿me prestas diez pesos y mañana te los pago?”, una tanda o como se le diga en tu país.
Todas las entradas las vamos a registrar en una súper tabla. No tiene que ser algo elaborado con el temido Excel, una hoja de cálculo o una aplicación laboriosa, pero de que deben anotarse, deben anotarse. Así tenemos un lugar donde podamos ver, de un vistazo, todos esos ingresos. Usemos un punto medio:
Listo: ya tenemos un ejemplo intermedio, una notita “hecha a mano” dentro de la aplicación de notas del teléfono. No hay excusa. Puedes usar colores, recortes, pegamento y los ingredientes de Las Chicas Superpoderosas.
En nuestro burdo ejemplo, la beca es mensual; entonces deberíamos cambiar el salario de semanal a mensual o, al revés, dividir la beca por semana. El chiste del ejercicio es conocer las entradas y las cantidades. Tú ponlo como más te guste: acótalo según tu entender o mira un ejemplo y cópialo.
Ahora bien, lo pesado del presupuesto son las salidas de dinero. Debemos anotar todo aquello que pagamos o que incluso regalamos; por ejemplo: una limosna, una propina, una mesada (a nuestros hijos o padres). Las salidas de dinero no se tientan el corazón.
Como es pesado/laborioso, usemos una tabla:
Estas salidas de dinero deben anotarse cada vez. Hay que hacerse el hábito de anotarlo todo, para tener al menos tres meses de gastos documentados.
El presupuesto también nos ayuda con los gastos presupuestados, es decir, los del “futuro salvaje”. Por ejemplo: Navidad, Reyes, útiles escolares, la luz, los regalos para los compañeros de la oficina, para tu mamá o tu papá, para tus hermanos o para tus hijos.
El presupuesto nos ayuda a tener control sobre esos gastos del futuro salvaje y del futuro inmediato.
Como se puede apreciar en la imagen, no tiene que ser elaborado. No tienes que dividirlo por categorías, por tipo de gasto o por periodicidad. Solo hay que anotar dónde se nos fuga el dinero, así hasta completar tres meses (mínimo). Puedes hacerlo semanal o mensual; el chiste es que puedas analizarlo una vez que tengas el periodo a observar.
¿Siguiente paso?



