Los números no mienten | Paso 2

Mayta 6/18/2026


Y veo y veo el rendimiento del dinero que tengo “guardado” y la ansiedad me gana: voy corriendo a preguntarle a mi IA de confianza a cuántos riñones estoy de poder vivir de esos rendimientos… y el resultado son años. Años, señores.

Por eso digo que los números no mienten: son fríos. Y esos años se traducen en ir a trabajar, y trabajar, y trabajar… hasta el fin de los tiempos y el Armagedón.

Pero esta no es una entrada para ponernos tristes. Este es un blog para salir de deudas: tropezarnos sin culpa, sacudirnos y seguir adelante.

El otro día se me acerca una compañera de trabajo —una bebé; para mí, todos son bebés— y me cuenta que está harta. No del trabajo: de los compañeros que hacen que se quiera ir del trabajo. Y aun así ahí sigue, porque ese empleo es el que le está permitiendo estudiar y trabajar al mismo tiempo.

Lo único que pude decirle fue: “Estás aquí por un objetivo”. Y así lo pensó: “Voy a intercambiar mi tiempo por dinero; dinero que me ayudará a obtener mi título de licenciatura”.

Yo digo que la historia se repite una y otra y otra vez: intercambiamos tiempo por dinero para alcanzar un objetivo (el que sea). Y ahí es donde entran los benditos números.

En el Paso 1 dijimos que debemos anotar sí o sí las entradas y salidas de dinero, por mínimas que sean. Y una vez que tenemos esos registros, podemos continuar con lo siguiente:

Hacer cuentas. A nuestros ingresos les restamos nuestros gastos y obtenemos una diferencia. Ese resultado es el dinero con el que contamos de verdad.

Si el resultado es negativo, significa que estamos gastando más de lo que ganamos. Sí, es obvio… y aun así nos pasa lo mismo de siempre: “¿Por qué no me alcanza? ¿Por qué nunca llego a la siguiente quincena? ¿En qué se va todo mi dinero?”.

Pues haciendo el ejercicio te vas a dar cuenta, con evidencia, de a dónde se está yendo.

Y ya con el número en la mano, viene la parte que nadie quiere, pero que sí cambia la historia:

Recortar gastos. Sí. Toca RECORTAR GASTOS.

No hablo de dejar de vivir; hablo de elegir qué se queda y qué se va (por ahora), para que tu yo del futuro no tenga que seguir pagando el precio.

Mini guía para recortar sin sufrir de más

  1. Encuentra tus “fugas chiquitas” (las que se repiten): envíos, suscripciones, cafecitos, antojos, compras impulsivas.
  2. Recorta una sola cosa a la vez, no diez. Si recortas todo, te cansas y truenas.
  3. Cambia el “no gasto” por un plan: “Esta semana no pido comida; con eso pago X a la deuda”.
  4. Hazlo medible: define un monto o un límite (ej. “máximo $300 esta semana en antojos”).

Y aquí viene el plot twist: recortar no es castigo. Es recuperar el control.